Nuestra historia
Una historia familiar que comenzó en 1993 y que hoy sigue endulzando los hogares de Antofagasta.
Donde todo comenzó
La historia de Masitas comenzó mucho antes de abrir sus puertas. Comenzó entre recetas familiares, sabores de casa y enseñanzas que fueron pasando de una generación a otra. Doña Leticia Lacazette, nuestra fundadora, creció aprendiendo de tres mujeres fundamentales en su vida: su abuela Hortensia, su tía Anita y su madre, Gloria, quienes le transmitieron recetas y ese cariño por la pastelería que años más tarde daría vida a Masitas.
Fue así como, en 1993, Doña Leticia llevó aquella tradición familiar a calle Copiapó y dio vida a Masitas. Poco a poco, sus preparaciones comenzaron a acompañar a las familias antofagastinas, convirtiéndose con los años en una tradición querida por muchos. Desde entonces, Masitas ha estado presente en cumpleaños, celebraciones, tardes de once, encuentros familiares y pequeños momentos cotidianos que, con el tiempo, se transforman en recuerdos para toda la vida.

Dulzura hecha en casa
Durante años, cada torta, cada pastel y cada preparación llevaron consigo algo más que dulzura: llevaron cariño, dedicación y esa calidez sencilla de las cosas hechas en casa.

Nuevas generaciones
Con los años, nuevas generaciones de la familia comenzaron a involucrarse en la historia de Masitas y, poco a poco, nació la ilusión de llevar aquella tradición un paso más allá. Pero para comenzar un nuevo camino, era necesario que alguien siguiera cuidando el lugar donde todo había comenzado.

El corazón original
Fue entonces cuando Joaquín, hijo de Doña Leticia, asumió un rol fundamental. Tomó la responsabilidad de liderar la pastelería y mantener en marcha el corazón original de Masitas. Mientras una parte de la familia comenzaba a imaginar un nuevo proyecto, Joaquín quedó al frente de la pastelería, cuidando su funcionamiento y sosteniendo con dedicación todo aquello que su madre había construido durante tantos años.
Con esa historia bien cuidada y la confianza de que las raíces de Masitas seguían firmes, la familia se atrevió a dar el siguiente paso.

Un nuevo capítulo
Y así, un 17 de mayo de 2021, en medio de una época difícil y llena de incertidumbre, dos ramas de una misma familia decidieron unirse para dar vida a un nuevo capítulo: los Marín Lacazette, familia de Doña Leticia, y los Lacazette Chau, familia de su hermano Mauricio, dieron vida a la Cafetería Masitas.
No fue solo la apertura de un local. Fue el comienzo de un proyecto construido con amor, esfuerzo y la profunda ilusión de crear un lugar donde poder disfrutar de esa misma tradición en un entorno cálido y acogedor.

Pensada como un hogar
El espacio fue imaginado y diseñado en conjunto por Diego, hijo de Mauricio —hermano de Doña Leticia—, y su madre, Suyin, esposa de Mauricio. Ambos arquitectos, quienes dieron forma al proyecto pensando cada rincón desde la arquitectura, pero también desde la experiencia de quienes algún día se sentarían a compartir alrededor de una mesa. Así nació un lugar cálido, familiar y lleno de detalles, pensado para sentirse un poquito como en casa.

Desde cero, en familia
Pero esta cafetería no nació únicamente desde los planos. Nació también desde el trabajo de una familia completa que se atrevió a comenzar desde cero, aprendiendo en el camino y poniendo el corazón en cada rincón.
Suyin tomó entonces una decisión importante: dejó sus trabajos y proyectos para dedicarse por completo a este nuevo sueño. Su experiencia liderando equipos y asumiendo responsabilidades fue fundamental durante los primeros años de la cafetería. Desde la administración y el trabajo diario, acompañó el crecimiento del local y compartió sus conocimientos con quienes comenzaban a asumir nuevos desafíos.

Doña Leticia, siempre presente
Y en medio de todo este nuevo comienzo, Doña Leticia siguió estando presente.
La misma mujer que en 1993 había comenzado a preparar tortas y pasteles en calle Copiapó se encontró, casi treinta años después, enseñando sus recetas, técnicas y formas de trabajar a una nueva generación de pasteleros.
Con paciencia y dedicación, capacitó a quienes llegaban a Masitas, compartiendo conocimientos construidos durante toda una vida entre hornos, cremas y bizcochos. Porque muchas de las cosas que hacen especial a Masitas no están escritas solamente en una receta: se aprenden mirando, practicando y escuchando a quien las ha preparado cientos de veces.
Así, mientras la cafetería comenzaba a construir su propia historia, Doña Leticia se encargaba de que nunca olvidara sus raíces.

Todos hicieron de todo
En esos primeros días, todos hicieron de todo.
Diego, arquitecto y sobrino de Doña Leticia, y Pablo, también sobrino de nuestra fundadora, comenzaron garzoneando, atendiendo mesas, comandando pedidos y aprendiendo con cada jornada. Catalina, hija de Doña Leticia, fue anfitriona en plena época de pandemia, recibiendo a quienes llegaban, ordenando filas, revisando pases de movilidad y cuidando que cada persona pudiera entrar con confianza. Conti, sobrina de Doña Leticia, comenzó como barista, preparando cafés mientras el local empezaba, poco a poco, a llenarse de vida.

Un día inolvidable
Y mientras Masitas abría sus puertas, Diego II, novio de Conti, vivía también un día inolvidable. Ese mismo 17 de mayo defendía su tesis y se titulaba de Ingeniero Civil Industrial. Apenas terminó, llegó directamente a trabajar.
Comenzó atendiendo la salita de ventas, aprendiendo desde lo más simple y descubriendo el funcionamiento cotidiano de un negocio que recién comenzaba. Junto a Suyin, fue aprendiendo a administrar el local, organizar equipos, enfrentar problemas y tomar decisiones. Ella, desde su experiencia liderando personas; él, con las ganas de aprender y asumir un desafío completamente nuevo.
Fue un proceso construido jornada tras jornada, entre errores, aprendizajes y muchas horas de trabajo.
Así nació nuestra cafetería: entre nervios, cansancio, risas, aprendizajes y mucho amor. Nació con una familia entera lanzándose a la vida, con más ganas que certezas, pero con la convicción de que cuando algo se hace con cariño, encuentra su camino.

Las cosas más dulces se comparten
Hoy, Masitas sigue creciendo, pero nunca olvida de dónde viene.
Seguimos siendo una historia familiar, hecha de tradición, esfuerzo y momentos compartidos. Una historia que comenzó con las manos de Doña Leticia y que, con el tiempo, fue encontrando nuevas manos dispuestas a aprender, cuidar y continuar su legado.
Un lugar donde cada detalle busca abrazar, donde cada mesa guarda una conversación y donde cada pastel quiere recordarte que las cosas más dulces de la vida son las que se comparten con quienes queremos.
Gracias por sentarte a nuestra mesa y ser parte de esta historia.
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